EL GRAN DESACOPLE

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El MO dándose, existiendo, sin razón alguna, adquiere un “significado” (una forma) en el OH. A su vez, éste, sin lenguaje, no existe más que como un objeto, parte del MO. El MO, no percibido, existe, pero de un modo irrelevante, puesto que no hay un ente que le confiera relevancia, un valor o un propósito. En un mundo cuya existencia es cerrada sobre sí misma (y no atañe a nadie más) lo que hace que las cosas cambien radicalmente es la conciencia del OH (o, mejor dicho, la conciencia que es el individuo). Este OH (cuerpo, objeto), provisto de lenguaje, “saca” al MO de la oscuridad (y la irrelevancia) y, de este modo, hace que exista. ¿Para qué? Para que el OH pueda existir en él (Recordemos que el OH es parte del MO y que, si no fuera consciente, sería parte de esa “oscuridad” e “irrelevancia”, se daría de un modo distinto al que se da con el lenguaje).

Usar el lenguaje, ser consciente, hace que las cosas sean diferentes, que el OH esté separado del mundo y que esta separación establezca la distinción entre el Mundo (que no es el OH) y el OH (que no es el Mundo), que este último se reconozca en el mundo como un ente que tiene una Voluntad de Vivir (VV) que le impele a moverse, realizarse, permanecer. Es cierto que todos los organismos vivos tienen una VV que los insta a la existencia, pero es el OH el que puede usar un lenguaje para reportarse tal condición, siendo esto ser consciente del mundo (de los límites y posibilidades del mundo en el que existe) y de sí mismo (de su condición, que lo plantea como un ente con posibilidades y limitaciones con los que se desenvuelve en el mundo).

Esta posición establece la existencia del Mundo como un fenómeno dependiente de un OH que lo perciba y signifique. Es cierto que el mundo en sí mismo existe independientemente de cualquier ente que lo perciba, pero esa existencia es, ya se dijo, cerrada (ese mundo existe para sí mismo) e irrelevante (puesto que dotar de relevancia es algo que atañe al OH). Lo que se intenta plantear es una visión del mundo desde el OH y para él. ¿Por qué? Porque es el OH (y no otro) quien tiene que existir, percibir y significar el mundo en el que apareció, tiene que dotar de un sentido a eso que percibe y a eso que siente al percibirlo y tiene que hacerlo durante el periodo en que su cuerpo permanezca vivo (y esté habilitado para usar el lenguaje). No puede ser de otro modo. Antes de la existencia del OH, el mundo existía para sí mismo y después de él lo hará de la misma manera.

Puede sonar extraño decir que el mundo no percibido por el OH es irrelevante, oscuro y cerrado, pero lo es porque estamos habituados a entender por “Mundo” a aquello que percibimos y significamos. Es ese mundo (el Mundo Significado) el que es relevante, posee una forma y está “abierto” a nosotros, pero nuestra inexistencia anula todas esas posibilidades. Suena extraño porque no solemos pensar en un mundo definitivamente sin nosotros y porque no podemos hacerlo (pensar un mundo sin nosotros) sin hacernos existir de algún modo, aunque sea mínimamente. De modo que lo único que puedo hacer es suponer que mi inexistencia anula/anulará la existencia del mundo así como mi existencia la posibilita. Aún podría concebir mi inexistencia como algo cerrado sobre sí mismo (un No-ser), así como concibo al MO, pero esto no podría restablecer el vínculo roto entre el mundo y yo. El aislamiento que sería mi inexistencia aislaría a su vez la existencia del mundo. O sea, existiría para sí mismo, pero ya no para mí, puesto que yo ya no sería.

El Neosolipsismo (NS) plantea elaborar un método para experimentar una Nueva Sensibilidad y lo hace partiendo de una comprensión de lo que es y de lo que no puede ser el OH, es decir, de una delimitación. Esta solo puede ser una delimitación conceptual, o sea, una resignificación de lo que es el OH en el mundo. Sin un proceso de significación, todo cuanto existe no sería más que materia dándose de cierta forma. Es con el lenguaje que adquiere un sentido y es con ese sentido con el que existe.

Lo que el OH puede ser es un organismo que existe por un periodo limitado de tiempo, siendo consciente del mundo (es decir, percibiéndolo y elaborando significados a partir de esa percepción) y de sí mismo (o sea, percibiendo y significando el Dolor – D – o Placer – P – que ocurre en su interacción con el mundo). Lo que el OH no puede ser es un organismo que existe por un periodo ilimitado de tiempo, siendo consciente del mundo y de sí mismo. Esta condición interpela (debería interpelar) al OH al momento de significar (dar sentido) su existencia. Si el mundo existe solo mientras el OH exista y desaparece cuando él, no podríamos hablar con legitimidad, con verdadera propiedad, sobre la necesidad de que el mundo siga existiendo después de su existencia (la del OH). Es decir, la continuidad del MO no es una necesidad del OH sino, a lo mejor, del MO, pero este, en tanto existencia cerrada, no incumbe realmente al OH. El Mundo posee Voluntad, algo que lo impulsa a existir indefinidamente, sin razón ni propósito. Esta voluntad también está presente en cada OH. Es esta la que lo impulsa a seguir existiendo, pero termina por agotarse y el OH deja de existir (y, por tanto, de percibir y significar el mundo). Todo compromiso posible del OH con el MO desaparece. El MO retorna a su existencia autónoma, cerrada, mientras que el OH retorna al No-ser.

Estas son las aserciones que el OH debe admitir para, a partir de ellas, elaborar una Nueva Sensibilidad para sí mismo: (1) Que es un  ente de existencia limitada, (2) Que el mundo en el que existe es un objeto (MO) que él significa (MS), (3) Que significa al mundo con un lenguaje (con un Juego de Lenguaje) que le es dado, en un primer momento, por la Sociedad (S), (4) Que ese lenguaje permite realizar una interpretación del mundo pero no una captación fiel de él, (5) Que el Lenguaje de la Sociedad (o Juego de Lenguaje de la Sociedad – JdLS –) prioriza la existencia del MO por sobre la del OH (este punto es desarrollado en “HIPERNADA”), (6) Que es posible admitir y emplear un Lenguaje que priorice la existencia del OH por sobre la del MO (que, de hecho, existe independientemente de que un OH lo perciba o signifique) y (7) Que admita y emplee tal Lenguaje.

¿Cómo emplear un “nuevo” Juego de Lenguaje? Vaciando el Lenguaje que usamos (el que la S nos proveyó) de todo enunciado que refiera a un hecho que contradiga nuestra condición como OH limitados. Es decir, rechazando toda proposición que afirme un mundo (un MS) más allá de nuestra existencia (ya se mencionó demasiadas veces qué tipo de mundo nos “sobrevivirá”) y, en un segundo y radical paso, negando toda proposición (interpretación) que afirme un “hecho” fuera de nuestra posibilidad experiencial, o sea, que no podamos percibir directamente.

Pareciera que este movimiento dejara al OH en un vacío conceptual, despojado de todo recurso para dar sentido al MO en el que existe. En cierto modo, es así. El OH se ha conducido en el mundo, significándolo, dándole forma con el lenguaje que la S le ha proveído y, de este modo, significando a un mundo tal como la S “previó” que lo haría: Así, el mundo (el MS a partir del MO) del OH sería en realidad el mundo de la S que esta proporciona al OH o, dicho de otro modo, el mundo que la S impone al OH para que este exista. El mundo de la S es el MO disfrazado con enunciados que aluden a una realidad que solo corresponde al MO pero no al OH, al que “emplea” para que el MO se realice de la forma en que lo hace. Los enunciados de la S sobre el mundo (el MO) refieren, precisamente, a la posibilidad – y la necesidad – de la existencia del mundo ad infinitum. Esos enunciados son proferidos y replicados por los OH que asumen el JdLS, pero, puesto que su naturaleza es distinta a la del MO (porque, en todo caso, la Voluntad del OH termina por agotarse mucho más deprisa que la del MO) tal lenguaje no le corresponde, puesto que no se ajusta a su verdadera condición. No es que el OH deba rechazar la posibilidad de un mundo más allá de él (un MO) sino la posibilidad de un mundo más allá de él que pueda percibir y significar (un MS). La S no es un OH, sino un JdL que se transmite generacionalmente, cuyo núcleo radica en la transmisión del JdL y no en el ente que sirve de puente entre una generación y otra y que es solo un agente que posibilita la continuidad del MO.

El OH que comienza a existir, poseído por una Voluntad (que es irracional) es urgido a dotar al mundo de un significado (una forma, una razón) para poder moverse en él y ahí está (estuvo) la Sociedad (en todo caso, los OH antecesores que usan el JdLS) para proporcionarle un significado (una forma, una razón) que no es, no puede ser, suya, sino la del MO.

El OH puede existir sin “salir” de ese MS que le proporciona el Lenguaje (el JdLS) que usa. Incluso puede no importarle que ese Lenguaje sea incoherente con su condición, seguir la directriz que la S le impone: Prolongar el MO. Puede realizar y agotar su existencia bajo esa forma de vida, propiciar la existencia de otro OH, legarle un lenguaje (el de la S) con el que el MO tendrá un significado, una forma. Eventualmente, el OH dejará de existir y con él su mundo (el MS). A través de ellos y por sobre todos ellos, el MO seguirá existiendo, prolongándose, indiferente a la existencia de cada OH que solo es una parte de él (del MO), accesoria, prescindible, descartable y reemplazable.

Cada OH, cada comunidad constituida por OH, cada Sociedad, es la Voluntad dándose indefinidamente. Se trata de un impulso que no es consciente de sí mismo y, por tanto, que no puede ser consciente de alguna de sus partes (en este caso, de algún OH en específico). La Voluntad es indiferente y está desprovista de cualquier meta o sentido. Se dé o no se dé, da igual, como da igual hacia dónde vaya; en realidad no importa - no puede importarnos - porque su naturaleza nos rebasa infinitamente, nos expulsa de cualquier posibilidad de sentido porque prescinde, en algún momento, de nuestra existencia significadora, haciendo que su hipotético sentido sea reservado exclusivamente para ella (la Voluntad), si acaso es posible concebir tal cosa. Los OH sí son conscientes, lo que significa que perciben y significan de algún modo esa percepción. Esa es su manera particular de estar en el mundo (de aparecer y desaparecer de él). Poseedores o poseídos por una Voluntad de Vivir (que es la misma Voluntad), los OH actúan de tal modo que puedan seguir existiendo. Eventualmente, se reproducen, crean otro OH, otra Voluntad de Vivir que también pugnará por prolongarse (y reproducirse). Esa es la Voluntad dándose en forma de un MO, de un OH consciente.

El OH no es la Voluntad, sino una porción de ella o, en palabras de Schopenhauer, una Voluntad Objetivada, un objeto hecho de Voluntad. ¿Para este OH, el sinsentido que es el sentido del MO (la Voluntad) debería ser el suyo? Es decir, ¿el OH debería compartir el proyecto del MO (que es darse ad infinitum)? Existen dos respuestas y la elección de una de ellas define radicalmente a aquél que responde y configura, de algún modo, aquello que intentamos entender por Sensibilidad.

El OH que responda que el “sentido” del MO (de la Voluntad) de darse indefinidamente es el suyo, actúa como esa porción de Voluntad obediente de su “sentido”. En tanto que la Voluntad es irracional, no hace falta una razón para justificar su existencia. Así, el OH puede reconocer en sí mismo tal irracionalidad para darse y hacer de ella su razón. El OH que admite, de algún modo, que es una parte de algo mucho más grande (el MO), define su existencia justamente de esa manera: Su existencia es parte de la existencia de algo mayor, del MO; su Voluntad de Vivir, la Voluntad Objetivada que es solo es parte de la Voluntad. Pero, ¿de qué manera asume el OH el sentido de la Voluntad? Todo OH provisto de lenguaje hace de su existencia un hecho conceptual, o sea, una experiencia significada. ¿Cómo significa el OH la realidad de que comparte el sentido (el sinsentido) de la Voluntad?, ¿reconoce la naturaleza irracional de la Voluntad y admite que esa irracionalidad es también suya?, ¿cómo vincula su existencia con la del MO y su inexistencia con la existencia de él? El OH que comparte el proyecto del MO es un receptor pasivo de la “lógica” del lenguaje de la Sociedad y esta no es más que un Lenguaje, un sistema conceptual, que se prolonga a través de las sucesivas generaciones que han existido. Los OH que han hecho existir a más OH admitieron, implícita o explícitamente, el sentido de la Voluntad y, por tanto, del MO y en el proceso  desarrollaron ese Lenguaje, ese conjunto de ideas que sirvieron de justificación, de razones, para hacer lo que hicieron: Prolongar la especie. Luego instruyeron a los descendientes en el uso de tal Lenguaje para significar el MO. El Significado que el lenguaje de la Sociedad propicia es el del MO teniendo que existir indefinidamente. Ese es el significado que el OH, con su existencia limitada, asume. Desde luego, la Sociedad (ese lenguaje que trascendió a las generaciones de Organismos Humanos ya extintas) está constituida por innumerables formas de razonamiento que intentan dar sentido al sinsentido de la Voluntad. De estos, resultaron los relatos, las ficciones, con las que los OH (que comparten el proyecto del MO) significan el MO en el que existen. En mi ensayo “Superironía” llamo “Sedimento Conceptual” (SC) a ese conjunto de ficciones que pretenden dar forma al MO. Si la Voluntad es irracional, todo razonamiento, toda razón que se elabore, remitirá invariablemente a ella. Si se pregunta, por ejemplo, por qué la Voluntad se da indefinidamente, no habrá más razón que la declaración dogmática ¡Porque sí!, ¿por qué existe la Voluntad?, ¿hacia dónde se dirige y por qué? No hay razones para que se dirija a tal o cual “lugar”, simplemente lo hace. Sin embargo, esa respuesta tiránica no fue suficiente para los antecesores (o acaso fue insoportable) y pudieron elaborar más relatos con los que significaron y explicaron el mundo. La lógica y coherencia de tales ficciones obedecieron a la creatividad y el estado material (geográfico, social, económico, político, etc.) en el que los OH se hallaron. Esos relatos (que en alguna forma sobrevivieron hasta el presente y que se siguen propalando) son en el fondo irracionales y tienen en sí, como un núcleo, la declaración dogmática ¡Porque sí! Tales ficciones elaboradas, entremezcladas, fusionadas y amalgamadas a lo largo de la historia, terminaron por dar forma al MO y a la Sensibilidad del OH.

El OH, Voluntad Objetivada, existe para existir y hacer que otros existan, tal como la Voluntad existe, sin razón, porque sí, indefinidamente. Esa es la razón de la Voluntad irracional, el fundamento para toda ficción sobre el mundo. Así, los OH admitieron el sentido del MO como suyo y justificaron su continuidad como un hecho necesario y posible. El mundo existió y existirá y el OH, en tanto parte del mundo, tiene el deber de contribuir a su realización, a su continuidad indefinida. ¿Qué hace el OH consigo mismo en este relato, cómo participa de esta ficción? La Sociedad ofrece relatos que hacen del mundo una realidad donde es posible que el OH trascienda, de algún modo, junto con él. Bajo esa perspectiva, si se comprende que el mundo existirá siempre, el OH también lo hará. ¿Cómo supera el hecho evidente de que el OH deja de vivir, de que su cuerpo eventualmente se desintegra y desaparece? La Sociedad dispone del relato del OH como un ente inmaterial y, por tanto, posibilitado de existir, trascender, más allá de los límites de la materialidad. De este modo, el OH tiene asegurado para sí la permanencia junto al mundo que permanece. El OH que se decanta por esta respuesta, por la de compartir el propósito del MO, configura su realidad, su Mundo Significado con esos significados. Cabe recordar que esas ficciones fueron elaboradas por los antecesores y que su elaboración estuvo fuertemente influida, a su vez, por los relatos que sus antecesores inventaron. Podemos comprender que esos OH, ahora inexistentes, se concibieron con esos relatos como elementos de un fenómeno mucho más grande (de lo que eran ellos como entes individuales) y en el que podían permanecer de alguna manera, junto con los OH ya extintos y con los OH que existirán y se extinguirán en un futuro del que ellos ya no serían partícipes físicamente pero sí de algún otro modo. Lo que ellos elaboraron fue la imagen de una unidad perenne del que eran parte.    

Por el contrario, el OH que responda que el “sentido” del MO de darse indefinidamente no es el suyo se enfrenta a un problema que es, básicamente, el de concebirse como un ente separado del mundo. El OH que admite el sentido del MO no se enfrenta a tal dilema. La Sociedad ya tiene para él el significado de lo que es y será. Su obediencia le libera de la tarea de crearse conceptualmente. El OH que se adhiere al propósito de la Voluntad sigue una tradición, prolonga un relato que da - y dará - forma al mundo. El OH desobediente del sentido de la Voluntad reconoce en sí mismo esa porción de Voluntad que es, no obstante, una Voluntad limitada y que se agotará en algún momento. Admite que hay algo que existe, que existió y existirá pero, tras observar el funcionamiento material del mundo, llega a la conclusión de que la Voluntad que le precedió y que le rebasará es un fenómeno que prescinde de él y que no lo necesita específicamente para que exista. De hecho, comprende que el significado que le otorga al mundo le es indiferente a esa Voluntad que no posee una consciencia para atender a lo que el OH pueda pensar sobre este. Es decir, el OH que rechaza el proyecto de la Voluntad niega cualquier posibilidad de vínculo con ella. Este OH se aparta de los relatos de la Sociedad, invalida y deslegitima las ficciones que elaboraron los antecesores pues las considera incoherentes con lo que el OH es: un ente finito. El MO, la Voluntad, es (o puede ser) infinita, pero no él. El OH comprende cuáles son los límites dentro de los cuáles puede existir. Al atender seriamente su existencia como un hecho material, aislado y finito entiende que el compromiso es consigo mismo más que con el mundo y su proyecto de existir indefinidamente. Es más, reconoce que su existencia, su forma de ser consciente usando un lenguaje para significar lo percibido es algo que ocurre para sí mismo más que para el mundo. El mundo existe, pero existe para él. La forma, el significado que él le da es un sentido para él más que para el mundo. El mundo puede existir sin que el OH lo signifique, pero será precisamente un mundo sin significado (ni valor ni propósito). El OH, al no aceptar los relatos de la Sociedad, también rechaza la necesidad que esta imprime en sus ficciones: La necesidad de trascender, de existir dentro de un mundo perenne. Este OH acepta el principio y el fin de su existencia como los límites de lo que es y puede ser. No necesita existir más allá. Esta actitud lo distingue radicalmente del OH que admite el sentido de la Voluntad.

¿Cuál de las dos opciones habrá que elegir?

Imaginemos a la Voluntad como un organismo (un “Súper organismo”). Todo cuanto existe, la totalidad de organismos vivos, mundos y universos es ella. Este mundo es parte de ella, cada especie un fragmento suyo, cada Organismo Humano una célula que la constituye. Todos los OH que existen siguiendo el sentido de la Voluntad son una célula de ese gran organismo. Se reproducen y perecen, actualizándose en sucesivas generaciones, reelaborando ligeramente las ficciones con las que justifican racionalmente sus existencias. El Mundo Objeto: un inmenso organismo moviéndose hacia ningún lugar y sin propósito, cada OH una célula que lo conforma.

Admitir el sentido de la Voluntad es, en cierto modo, reconocerse como una célula suya antes que como un individuo. En ese sentido, optaré por llamar a este OH un Organismo (O). Por el contrario, el OH que rechaza el sentido de la Voluntad será llamado un Individuo (I), un ente aislado y diferenciado del mundo, cuya existencia está restringida por los límites materiales que le constituyen.

Considero que esta distinción conceptual es importante puesto que permite diferenciar la forma en que cada OH significa su propia existencia y el mundo en el que existe.

Sin embargo, el OH desprovisto de lenguaje existe en un estado de conciencia que no posibilita la discusión sobre qué es realmente o sobre las formas de asumir su existencia en el mundo. Un OH sin lenguaje solo puede obedecer el sentido de la Voluntad, automáticamente. En tanto objeto del MO, sería una suerte de célula ciega obedeciendo el impulso de prolongarse indefinidamente.

El lenguaje posibilita significar el mundo. El lenguaje de la Sociedad solo existe para significar al mundo (y a los OH que lo constituyen) como una Voluntad prolongándose ad infinitum. En ese sentido, el lenguaje de la Sociedad es el de la Voluntad. En tanto que el OH no es la Voluntad (sino una parte limitada de ella) cabría reconocer la importancia de elaborar un lenguaje acorde a su condición, es decir, a sus límites y posibilidades. El Neosolipsismo es un intento de ello.

Entonces, respecto a la cuestión de cuál de las dos opciones debe elegir el OH, solo puedo decir: Aquella que es capaz de escoger.

Todos los OH existen bajo la lógica y el dominio del lenguaje de la Sociedad. Eso es lo usual, lo convencional y normal y es fácilmente llamado lo correcto. Estos OH son las células de la Sociedad (de la Voluntad). Su individualidad, autoconsciencia y sensibilidad están elaboradas de tal forma que priorizan el sentido de la Voluntad antes que su existencia individual. En ese sentido, todas aquellas instancias de su experiencia están subordinadas al propósito de la Voluntad. Los OH, los Organismos, son elementos temporales (y, por tanto, reemplazables) de ese Súper Organismo que es la Voluntad, infinita. El OH que se adhiere a esta forma de vida no tiene que hacer otra cosa que obedecer y seguir las tradiciones, las ficciones que los antecesores han elaborado para justificar sus existencias.    

El OH que rechaza el lenguaje de la Sociedad y funda uno nuevo acorde a su condición se halla inmerso en la experiencia insólita de ser él mismo. ¿Debe hacerlo? ¿Debe rechazar el lenguaje de la Sociedad? Si puede, sí. Si experimenta la necesidad de desligarse de él, sí. Esa es la diferencia entre el Organismo y el Individuo: El primero no puede o no necesita desligarse del lenguaje de la Sociedad y el segundo sí. El proyecto neosolipsista se ocupa exclusivamente del Individuo.

¿Cómo es ese lenguaje que posibilita una Nueva Sensibilidad? En primer lugar, este está constituido en un sentido negativo, o sea, se basa en negar lo que el lenguaje de la Sociedad afirma: Si este reconoce la identidad del OH con el MO, el “Lenguaje Neosolipsista” declara su diferencia (el OH es distinto al MO), si el Lenguaje de la Sociedad reconoce la necesidad y la posibilidad de alguna forma de trascendencia (de existir más allá de los límites materiales) el Lenguaje Neosolipsista la niega y declara que el OH es un ente finito y mortal. Si el Lenguaje de la Sociedad declara que el MO necesita seguir prolongándose y que es un compromiso del OH contribuir a la satisfacción de esa necesidad, el Lenguaje Neosolipsista, aunque puede reconocer que el MO, en tanto Voluntad, necesita prolongarse indefinidamente, no admite esa necesidad como suya. En otras palabras, lo que el Individuo puede hacer es rechazar toda Significación hecha por la Sociedad en pos de una Significación personal. Lo que termina haciendo es desacoplar el Mundo Significado impuesto por la Sociedad del Mundo Objeto que, al no ser significado, queda vacío.

Una vez realizado este Gran Desacople, aún se puede ir más lejos, haciendo que el Mundo Objeto no signifique nada. Desde luego, esto puede parecer extraño y escandaloso al Organismo (que existe en un Mundo Significado con el Lenguaje de la Sociedad) pero aquí no nos ocuparemos de él ni de lo que pueda sentir ante este proyecto sino del Individuo que podría sentirse entusiasmado frente a esta nueva perspectiva.

El MO no significa nada en sí mismo. Es algo que existe, que posee una naturaleza y unas leyes que rigen su funcionamiento, pero no significa nada. ¿Qué significa que el mundo exista, que posea una naturaleza y que su funcionamiento esté regido por leyes? Pues nada más que eso: que existe y lo demás. Es sobre esa Nada que la Sociedad construye algo que termina suponiendo que es el mundo mismo. Ya hablamos sobre los relatos, las ficciones que se elaboraron - y aún elaboran – con las que se pretende dar un sentido a la existencia, al hecho de aparecer y desaparecer en este mundo. Tal sentido es una Significación del objeto que es el mundo, una forma que el OH asume como real y con la que se vincula de acuerdo a las reglas de conducta que prescribe ese tipo de realidad. Pero por debajo de todo ello, de todo ese Sedimento Conceptual, lo que existe (lo que “es”) es materia dándose de cierta forma, OH naciendo, reproduciéndose y muriendo, en sucesivas generaciones. ¿Qué significa todo ello? ¿Para qué nacen y mueren tantos OH? La respuesta última y definitiva es: Para nada. Pero la Sociedad sostiene que hay un sentido que es distinto de la Nada, profiere que hay un propósito, una meta, un destino al que se puede llegar. El Individuo niega ese sentido y, por tanto, asume la Nada como el sustrato (y el final) de su existencia.

Desde luego, puesto que todo OH aparece dentro de una Sociedad, lo primero que recibe es un lenguaje impregnado con Significados que terminan construyendo, en torno suyo, el mismo mundo de siempre: el de la Voluntad pugnando por prolongarse indefinidamente. El Organismo, dócil y obediente, no tiene nada que decir al respecto, solo hace las cosas de tal modo que la Voluntad realice su “sentido”. El Individuo se subleva a ese “destino” puesto que no se reconoce en la Voluntad sino en la Voluntad Objetivada que es. Esa es su realidad y decide existir siendo coherente con ella.      

La Sociedad ha elaborado un Sistema Moral en torno a su Sentido que pretende legitimarlo como algo verdadero y correcto. De este modo, declara que su Sentido (y sus prescripciones conductuales) es la posición que todo OH debe asumir si desea ser considerado un OH correcto, bueno, normal, etc. Así mismo, insinúa que toda perspectiva que sea distinta o se oponga a ella representa lo opuesto a lo que ella es: lo incorrecto, lo malo, lo anormal. ¿Pero, hay razones sólidas para atribuirse tales cualidades, para situarse en el lado bueno? ¿Qué dice el Sistema Moral de la Sociedad respecto al hecho de hacer existir OH solo para que mueran? El Sistema Moral sirve para validarse así misma pero no para cuestionarse y mucho menos para refutarse. ¿Es buena la existencia? ¿Debe ocurrir? ¿Por qué?

El Sistema Moral de la Sociedad es un sistema cerrado, pero no Universal. Sus aserciones parten del Sentido de la Voluntad y se aplican sobre las Voluntades Objetivadas que son los OH y, por tanto, prioriza a la Voluntad (al MO) por sobre el OH, ese organismo aislado y finito que es cada persona.      

Naturalmente, el lenguaje Neosolipsista rechaza el Sistema Moral de la Sociedad por considerarla incoherente con la condición del OH y propone un Sistema Moral distinto que prioriza al OH por sobre el Sentido de la Voluntad. Las aserciones del Sistema Moral de la Sociedad son incompatibles con las del Sistema Moral del Individuo; el primero no puede tener autoridad sobre el segundo, puesto que provienen de lógicas distintas. El lenguaje de la Sociedad puede declarar que su sistema de significados es el verdadero, profundo, legítimo y el único funcional para la Sensibilidad del OH, pero esos son enunciados irrelevantes que no representan más que el intento de establecer y validar relatos que justifiquen la existencia de los OH. Incluso ese Sistema Moral puede despreciar al Sistema Moral del Individuo, sugiriendo que se trata de una posición reduccionista y que aniquila todo Significado del Mundo. Puede hacerlo y, no obstante, aquellas declaraciones no podrían invalidar el proyecto conceptual que el Individuo se atrevería a construir. La de la Sociedad y la del Individuo son, pues, empresas radicalmente distintas.

De hecho, el Neosolipsismo es un proyecto que reduce y aniquila todo Significado previamente elaborado por la Sociedad. Propone que el Individuo se quede, en un primer momento, con nada más que su existencia como un hecho material, que sus percepciones no signifiquen nada y que lo que fuera a sentir al percibir al mundo y a sí mismo no sean más que sensaciones inefables. El Neosolipsismo plantea que esta simplificación conceptual no tiene por qué representar una pérdida o un trauma para el OH, sino simplemente otra forma de sentir. ¿Por qué la Sensibilidad de la Sociedad, aquella que se configura con su Lenguaje, sería superior a la Nueva Sensibilidad que se propone? ¿Por qué la antigüedad, abundancia y variedad de sus relatos serían un mejor fundamento – para sentir – que la ausencia de tales relatos? ¿Por qué no sería posible sentir sin significar el mundo con ficciones que contravienen la condición del OH y, por tanto, lo alienan de su naturaleza? El Neosolipsismo defiende la existencia del Individuo como un hecho definitorio del mundo más allá del cual todo cuanto puede suceder corresponde al mundo en sí mismo como un evento que ya no tiene ningún vínculo con el OH.

Lo que distingue al Organismo y al Individuo es su actitud frente a la Nada. La Sociedad impone una actitud negativa respecto a la Nada. Se la niega, rechaza, desprecia y teme. En cambio, el Individuo, que admite su finitud, ve a la Nada como algo que lo constituye y define. No puede hacer nada respecto a ella más que aceptarla y emplearla como un articulador de su existencia. El Individuo no necesita esconder a la Nada detrás de innumerables y arbitrarios relatos y neutralizarla con la ilusión de una eternidad sino que se atreve a traerla frente a él y conciliarla con su experiencia. ¿Por qué la Nada tendría que ser un inconveniente para el OH? La Sociedad no es un OH, de modo que no puede comprender su condición, sus límites ni su sensibilidad (aún no significada).           

La Nueva Sensibilidad propone una aniquilación de todo Significado, pero también plantea la posibilidad de una libertad para Significar, puesto que devela la irracionalidad de todo relato que articula la lógica de cómo y por qué sentir de cierta manera. ¿Por qué el OH se siente triste frente a un hecho? ¿Por qué tiene que ser así? ¿Puede haber otro camino que lo conduzca a otro sentimiento? ¿El OH puede manipular la lógica de su Sensibilidad? ¿Debe hacerlo? ¿Por qué no? El Sistema Moral de la Sociedad declarará que no debe hacerlo, pero dirá eso porque verá a uno de sus elementos sublevarse contra el Sentido de la Voluntad. Hacerlo es inmoral, proferirá, pero no sabrá argumentar por qué. En realidad, la Sociedad no sabe responder la pregunta esencial de por qué contribuir al propósito de la Voluntad (de darse indefinidamente) porque esta no es una cuestión que tenga una razón, es irracional, no admite el cuestionamiento y solo sabe reclamar obediencia. Toda esa lógica se concreta en el concepto de “Tradición”, ese conjunto de prácticas que se repite casi mecánicamente, generación tras generación.  


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