Y BIEN, ¡LA NADA!
Viene de "PERO, ¿QUÉ ES LA SOCIEDAD?"
El Organismo Humano (OH) solo existe a través del Lenguaje. Sin éste existiría pero sería incapaz de referirse a ella (a su existencia), de darle alguna forma. Así, una existencia sin lenguaje es una ciega, informe, oscura y, finalmente, ajena. El OH desprovisto de lenguaje termina por no existir “realmente”, pues la realidad se construye, organiza y articula con él. Una existencia sin lenguaje es solo una parte ínfima de la existencia del mundo que se prolonga indefinidamente (sin razón alguna), una parte indistinguible de la existencia del mundo. Una existencia sin lenguaje se revela solo como la existencia del mundo. Así, no existe sujeto o individuo que reclame para sí una existencia; se trata de una existencia sin individuo, de una existencia – del mundo – sin más.
Pero los OH no dejan de ser una existencia del mundo, sin más. El lenguaje primero, el de la Sociedad, solo los habilita para moverse en el mundo, madurar y reproducirse, prolongando el mundo que son (o, si se quiere, del mundo en el que habitan), temporalmente. El lenguaje es una tecnología de supervivencia, un recurso – adaptativo – que funcionó para preservar la especie y prolongarla (que es el propósito del mundo, al fin y al cabo). La noción de una “Realidad”, de un “Sentido” o un “Propósito” son productos del lenguaje que les permitieron organizar ese conjunto de percepciones que es su existir. El lenguaje da cierta forma al mundo (o termina de darle una) y al organismo que existe en él, pero esa forma no es más que el producto del lenguaje en funcionamiento. El OH que usa el lenguaje para nombrar el mundo y nombrarse a sí mismo nombrando al mundo “crea” un ámbito particular desde donde existe. Sin lenguaje, lo digo una vez más, tal ámbito desaparece y el OH con él. Que “su” cuerpo siga existiendo es irrelevante para él (puesto que ya no existe). No habría un OH con su cuerpo, sino solamente un cuerpo, un objeto.
El lenguaje de la Sociedad es funcional al propósito del mundo (de prolongarse indefinidamente) y el OH que lo usa es parte de esa funcionalidad. Su “subjetividad”, es decir, ese “mundo interno” que es él usando el lenguaje para referirse a sí mismo en el acto de percibir el mundo es parte de esa funcionalidad. Su “mundo interno”, tal como su existencia, existen para que algo más “grande” que él exista: el Mundo Objeto (ver “El mundo ad infinitum”).
El OH puede construir una infinidad de relatos que pretendan darle un aspecto distinto al que planteo, para mitificarlo, romantizarlo, suavizarlo o embellecerlo, pero la realidad es que su existencia ha surgido en la lógica del sometimiento a un propósito que lo rebasará, siempre. El Organismo (ver “De Organismos e Individuos”), el “individuo” que “es” para sí mismo es un componente de la existencia del mundo, su uso del lenguaje (el de la Sociedad) se funda en la existencia del Mundo Objeto y en su necesidad de que siga haciéndolo, por eso la reproducción, el propiciar la existencia de otro OH (que sería prolongar la existencia del mundo) parece tan natural, tan lógico y necesario.
A diferencia del Organismo, que existe con la necesidad de prolongar el mundo (existir, reproducirse, creer en una trascendencia para sí - o para el mundo -, creer en el futuro o en la urgencia de propiciarlo), el Individuo hace algo con el lenguaje que le fue dado (por la Sociedad, llámese el entorno, la tradición o sus antecesores): Lo ajusta a su condición. El Individuo tiene la certeza de que su existencia inició y terminará con el inicio y el término del funcionamiento de su cuerpo, que el mundo que él percibe adquiere forma y sentido solo si él lo percibe y significa. Al Individuo no le falta razón cuando dice que el mundo solo existe si él lo hace. La prolongación del mundo más allá de su existencia (la del Individuo) carece de sentido y forma, pues, como se dijo, es él quien le otorga tales cualidades. El Mundo Objeto puede existir sin ser percibido ni significado, pero eso ya no puede importarle al Individuo (puesto que ya no existe). A diferencia del Organismo, que fue educado e instado a dar sentido y forma a su existencia con la necesidad de concebir un futuro más allá de sí mismo (la idea de “trascender”, de existir aún en el legado que deje – material, descendientes, o simbólico, ideas, obras, etc. –), el Individuo ha sabido deshacerse de tal necesidad y, por tanto, no tiene problema en admitir el fin – definitivo – de sí mismo y del mundo.
¿Es correcto que el Individuo se despoje de esa necesidad y admita, sin más, su fin y el del mundo? ¿Lo es que el Organismo propicie la existencia de otro OH, le imponga un lenguaje (una forma de ver el mundo) y lo inicie en la irregular experiencia de existir, de necesitar hacerlo y de propiciar la existencia de otro OH, así, hasta el infinito? Desde “fuera”, esta cuestión es trivial, pues, de algún modo, se está debatiendo el hecho de si se va a permitir que el mundo siga existiendo o no, cuando la realidad es que el mundo (sea en la forma que sea) va a seguir existiendo y, en caso no lo haga, no va a importar a nadie, ni siquiera al mundo mismo.
El Individuo se concibe (se piensa, se dice que es) a sí mismo como un Organismo Humano que ha sabido "purificar" el lenguaje que le fue impuesto, ajustándolo a su verdadera condición (su finitud y mortalidad). Para él, la existencia del mundo depende de la suya y el significado que las cosas que componen al mundo (otros OH, objetos y fenómenos) adquieren lo hacen en el Individuo. Evidentemente, este movimiento es una negación, un rechazo del Lenguaje de la Sociedad (y, por tanto, de las Instituciones que la sostienen). ¿Debería el OH hacer esto? Bueno, ¿por que no?
Ya se mostró que la "Sociedad" es ajena al Organismo Humano, que este último es un elemento descartable y reemplazable de aquella sociedad (de eso que existe como especie, como multitud) que en verdad no puede ser ningún OH en particular y que es la Voluntad dándose, irracionalmente. El Organismo Humano que no puede ver esto es un Organismo, destinado a usar el Lenguaje de la Sociedad y, por tanto, a significar el mundo que percibe y su Sensibilidad del modo en que la Sociedad le dice que lo haga, admitiendo los accidentes e imperfecciones de tal lenguaje. El Organismo Humano que ve la realidad del mundo, que reconoce a la Voluntad detrás de todo cuanto existe, que identifica a esa Voluntad en él mismo, en su organismo pugnando por seguir existiendo, es un Individuo que sabe que el principio y el fin de su existencia es también el principio y el fin de todo cuanto existe. El Individuo no teme esto y, tal vez, esa sea su mejor conquista.
El Individuo no teme dejar de ser, no le intimida el hecho de que todo dejará de existir (la existencia material del mundo después de la desaparición de sí mismo le tiene sin cuidado. Su compromiso es consigo mismo antes que con el mundo, pues sabe que prolongar al mundo - a la especie humana - significa imponer la existencia a otro OH, solo para que éste haga lo mismo). De algún modo, a través de un arduo proceso de reflexión, se ha hallado a sí mismo en sí mismo (ha ajustado su lenguaje a su condición material). No necesita de ningún relato (mito, historia, justificación, tradición, etc.) de ningún antecesor para dar sentido a su existencia. Así, el Individuo se independiza de ellos y rompe el vínculo con las futuras generaciones que, al fin y al cabo, no existen ni lo harán (lo que existirá será, si se quiere, un conjunto de Organismos Humanos habitando un mundo cerrado sobre sí mismo, oscuro, ajeno y sin significado, puesto que quién le otorgaba tal significado, el Individuo, ya no existe; existirá un mundo sin significado y los OH que lo habiten estarán adheridos a él, serán él).
El Individuo no ve pérdida en esto. La Sociedad (ver "HIPERNADA") hace existir a los Organismos, les impone un lenguaje con el que dan forma a su existencia. Así, estos OH (que sin lenguaje serían solo objetos) pertenecen a la Sociedad (a la Voluntad), existen solo para participar de su propósito (de prolongarse indefinidamente, sin razón alguna) y se someten tanto a sus límites materiales (la progresiva decadencia del cuerpo y su posterior muerte) como conceptuales (las prescripciones conductuales que determinan cómo actuar, pensar y sentir). Así, la experiencia subjetiva del OH perteneciente a la Sociedad está constituida básicamente de la forma en que la Sociedad lo ordena (¿Qué es la sociedad? ¿Una persona en particular? ¿Una única persona dotada del poder de causar existencias - otras personas - y determinar cómo habrán de desenvolverse? No. Toda persona es causada y existe poseída por la necesidad de existir. Para ello tiene que adaptarse y hacerlo significa obedecer las reglas que su entorno impone. La Sociedad es el relato que las personas se han sabido decir para alinear su conducta y poder seguir existiendo. La Sociedad es un discurso, una cosmovisión que ha funcionado para que la persona se adapte al mundo y, de paso, haga que el mundo siga existiendo (de la forma en que lo hace. En este caso, como especie humana). La Sociedad es un dogma desarrollado progresivamente por los antecesores y que la persona actual asume para significar su existencia). Así como los organismos vivos existen solamente para reproducirse y hacer que otros organismos existan, independientemente de lo que su experiencia individual sea y cómo sea representada por él mismo (¿Cómo es una existencia no significada? ¿Puede un organismo desprovisto de "consciencia" representar para sí mismo su existencia?), así como estos organismos existen, el Organismo (el OH que usa el lenguaje de la Sociedad) existe para hacer que otros Organismos existan, independientemente de la forma en cómo conciba su existencia, es decir, de cómo signifique su experiencia de existir. Su "mundo interno" es un fenómeno determinado y calculado por la Sociedad, aquello que siente como lo más feliz o aterrador, incluso aquellas sensaciones a las que no sabe o cree no poder darle nombre son de ese modo por la Sociedad, por el lenguaje que ésta le provee.
La Sociedad da forma a la Sensibilidad del Organismo (hay que recordar que la Sociedad no es un ente físico sino conceptual, un dogma). Dicho de otro modo: La Sociedad hace existir al Organismo y la forma en que este experimenta al mundo. Antes de ser dotado de lenguaje, el Organismo era un objeto indistinguible del mundo (y, por tanto, era el mundo). Dotado de lenguaje (el de la Sociedad) el Organismo es un ente material consciente de serlo (es decir, capaz de significar su existencia material justamente como una existencia material, cosa que un organismo sin lenguaje no puede hacer), por decirlo de alguna manera: es un continente (que comienza a existir a partir del momento en que usa el lenguaje) cuyo contenido es un conjunto de sensaciones que no tienen forma (es decir, que no existen) hasta que use un lenguaje para dárselas.
La Sociedad causa al Organismo y a su contenido, de modo que éste cree que no puede existir sin depender de ese contenido. Obviamente esta creencia es reforzada y validada por la Sociedad, de manera que termina arraigando en la Sensibilidad del Organismo. Hay significados con los que el Organismo da forma a su existencia, tales como: Identidad (lo que el Organismo cree que es), tradición, antepasados, ancestros (el Organismo es la continuación coherente de una sucesión de Organismos Humanos que tenían un propósito que se esforzaron por realizar), trascendencia (la existencia del Organismo está posibilitado para rebasar sus límites materiales, en cualquier forma, material o simbólica) y propósito (su existencia tiene un sentido intrínseco, es decir, uno para sí o uno "universal" del que su existencia es parte), entre otros. Esos significados son lo que es el Organismo (lo que cree ser). Sin ellos, el Organismo cree que estará vacío, será un ente consciente de que no contiene nada. Tal vez la sensación que esta certeza provoque sea la razón por la que el Organismo permanece dependiente de la Sociedad. En ese sentido, el Organismo no se desapega de ella por temor a la Nada, al "No-ser en el Ser" (además de que la Sociedad promueve el miedo y la aversión a la muerte como el punto culminante de la existencia, a través de relatos harto romantizados como la posibilidad de trascender o de ser eternos). Además, la Sociedad fuerza a los Organismos a pensar desde lo ya pensado, es decir, los desacredita en cuanto empiezan a deslindarse de los Significados preestablecidos y a cuestionarlos.
Mientras el Organismo teme a la Nada, el Individuo no tiene problema en admitirla como una realidad a partir de la cual puede hacer lo que le apetezca, es decir, darle el significado que quiera. El Individuo ha rechazado a la Sociedad como la proveedora de los significados con los cuales da forma a su existencia y a su Sensibilidad, la niega deliberadamente y no se angustia ante el aparente vacío que encuentra en sí mismo cuando no emplea los recursos que la Sociedad ofrece. Es más, hace de ese "vacío", de esa Nada, la materia prima con la que elabora los Significados que darán forma a su existencia y al mundo que percibe. La existencia, sin lenguaje es una Nada, con el lenguaje de la Sociedad es aquello que la Sociedad dice que es y con el lenguaje que el Individuo usa (y que se define a partir de la negación del lenguaje de la Sociedad) aquello que el Individuo decide que será. Se ha descubierto la falibilidad y las fisuras del lenguaje de la Sociedad, el Individuo se ha liberado.
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