DE ORGANISMOS E INDIVIDUOS

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Imaginemos un mundo sin organismos que lo perciban. ¿Qué se puede decir sobre él? Nada, pues “decir” es una actividad propia del organismo que existe y que es capaz de percibir, significar y expresar lo significado. Si el organismo no existe, “decir” algo sobre ese mundo es imposible.

¿Ese mundo existe? Sí, pero su existencia es ajena para aquél organismo que no existe. ¿Cómo es la existencia del mundo sin organismos que lo perciban? Imposible saberlo: Yo soy un organismo y lo único que puedo hacer es decir lo que es el mundo a partir de mi percepción; sin mi existencia, sin mi percepción, el mundo desaparece. El mundo sin mí es uno cerrado sobre sí mismo; su existencia cambia con mi inexistencia. Mi extinción extingue el mundo que percibo y deja al mundo no percibido en la “oscuridad”.   

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Todo cuando existe es impulsado por una Voluntad de Vivir, irracional, sin propósito ni meta alguna. Todo cuanto existe “necesita” existir pero no tiene un “porqué” ni un “para qué” (más allá de sí mismo) con el que justificar esa necesidad. En realidad, ni siquiera hace falta una justificación. Toda “razón” que el Organismo Humano esgrime para justificar su existencia puede remitirse a la expresión “Porque sí”, que es una declaración autoritaria que revela el carácter impositivo del hecho (y la necesidad) de existir.  

El mundo existe sin razón alguna, los organismos también, pero, a diferencia del mundo, éstos derivan una experiencia para sí mismos a partir de su percepción del mundo y es esa percepción lo que “les dice” qué es aquello que perciben. Sus órganos sensoriales establecen el vínculo entre ellos y el mundo, pero ese vínculo es también lo que instaura la distinción entre ambos.

El organismo tiene una condición finita, es decir, tiene un principio y un final determinados. La experiencia ocurre mientras el organismo está vivo. Cuando este muera, evidentemente la experiencia será imposible. Al mundo “no le importa” esta condición del organismo. De hecho, lo único que      “importa” es que el mundo exista y no la forma en que lo haga. El mundo puede estar constituido por objetos inertes u organismos vivos, organismos gozantes o sufrientes, da igual. Al mundo (al universo) no puede importarle, puesto que no tiene una conciencia.

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En el darse irracional del mundo es que el Organismo Humano (OH) aparece. Este, dotado de la facultad de percibir el mundo, “ejerce” su existencia tal como puede hacerlo. Sin lenguaje, ya dijimos muchas veces, la percepción del mundo se concentra en una experiencia para nosotros, dotados de lenguaje, realmente indecible (podemos decir muchas cosas sobre lo que podría ser una experiencia sin lenguaje, pero nunca será esa experiencia sin lenguaje). El OH, susceptible de experimentar placer y dolor, sin lenguaje, no podrá decirse nada respecto a lo que siente. No podrá decir “existo y siento” o “esto es lo que siento” o “esto significa lo que siento”. Su existencia no será menor a la de un organismo dotado de lenguaje, pero será radicalmente distinta.    

El OH, capaz de usar/hacer el lenguaje hace algo con lo que experimenta además de experimentarlo: Lo significa. El proceso de significación de la experiencia (eso que el organismo siente al percibir al mundo) hace de ésta otra cosa, por decirlo de algún modo. Significar es darle una forma a lo experimentado, pero se trata de una forma distinta a la forma de la que deriva: Lo experimentado es una sensación y el significado de la experiencia es una representación de la sensación. El lenguaje crea un ámbito nuevo para el OH, un espacio decisivo, pues es a partir de este que el OH existe “realmente”. ¿Quiere decir esto que un OH desprovisto de lenguaje no existe? No. Un OH desprovisto de lenguaje existe, pero lo hace de otro modo. Incapaz de usar el lenguaje, no puede crear ese “ámbito de nuevas formas” y existe solamente a través de las sensaciones. El lenguaje es decisivo para establecer una forma de existencia que es la de instaurar una distinción clara entre el mundo (en el que se existe) y el organismo (que se es), reconociendo las características de cada uno: la aparente “infinitud” del mundo y la finitud del organismo y, sobre todo, reconociendo que uno es “esto” que existe y no lo otro (eso que existe fuera de lo que soy).

En tanto parte del mundo, el OH, impelido por la Voluntad de Vivir, como un organismo aislado, pugna por seguir existiendo (hasta un eventual agotamiento de su fuerza) y, como parte del mundo, lleva en sí mismo la posibilidad de hacer existir a otro OH, es decir, de procrear. Esto es así porque, independientemente de la existencia del OH y de su capacidad de reconocer la dinámica del mundo y de situar su existencia dentro de los límites que le es impuesto, el mundo tiene, como único propósito, darse indefinidamente. Esto, en la especie humana, significa que, en consonancia con el proyecto del mundo, tiene que reproducirse, replicarse, hasta el fin de los tiempos.    

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El OH dotado de lenguaje existe desde y a través de ese espacio nuevo que es el de los significados. Es a partir de allí que el OH puede decir que existe, siendo este acto una forma particular de existir. Ser incapaz de decir “Yo existo” significa que esa existencia ocurre de otro modo, en “otra” instancia. La imposibilidad de conocer cómo es esa experiencia, desprovista de lenguaje, hace que la nuestra (con lenguaje) y ella sean radicalmente diferentes.    

Sin embargo, no es necesario usar el lenguaje para existir y “obedecer” a la Voluntad (de Vivir). El mundo se da y lo hace sin razones. La especie humana ha conseguido realizar su existencia con el lenguaje. Esa ha sido su estrategia de supervivencia. El lenguaje le sirvió para representar su percepción del mundo, para organizarlo y poder “moverse” en él, pero también para representar, significar, el hecho de que los organismos son finitos y mortales. Con el lenguaje responden la pregunta (que surgió debido al uso del lenguaje): ¿Qué significa que nosotros, organismos vivos, seamos finitos y mortales?

El lenguaje es una facultad que tiene una base orgánica, o sea, que para que el OH pueda hablar y pensar, su organismo tiene que estar dispuesto de un modo específico para poder hacerlo. Y lo está, a fuerza de procesos evolutivos. Pero no basta con que exista una disposición biológica, porque este es un potencial que puede realizarse, “concretarse”, solo si el entorno en el que vive le da forma.

El entorno del OH que aparece en el mundo, por lo general, es el de una multitud de OH que existieron desde antes que él. Éstos le enseñan a usar el lenguaje, pero al hacerlo también le transfieren (imponen) una serie de significados de lo que es el mundo.

Por lo general, los OH asimilan un lenguaje cuyas representaciones “captan” el propósito irracional de la Voluntad, que es el de prolongarse indefinidamente. Lo que el mundo significa para ellos, con el lenguaje que usan, es que el mundo existió, existe y debe existir indefinidamente. Eso es lo que el mundo y su devenir significan fundamentalmente. Sobre esa base pueden construir una infinidad de relatos que no son más que variaciones de esta. Lo que se dice, con ese lenguaje, es: “El mundo existe. Mi existencia, en tanto parte de la del mundo, debe hace que el mundo exista”. Pero, ¿cómo representan el hecho de que el OH, en tanto ser finito, habrá de morir, es decir, extinguirse?   

La multitud de OH que preceden y rodean al OH reciente (hasta volverlo “uno de ellos”), y que podemos llamar “Sociedad”, ha elaborado una representación de este fenómeno adscribiéndose la naturaleza (y la necesidad) del mundo de existir de forma permanente. Estos OH terminan creyendo que algo de ellos, la “esencia”, trascenderá el límite de su extinción física. Para ello, continúan elaborando relatos que son avalados por la naturaleza indefinida (infinita) del mundo. En conclusión, estos OH creen en la inmortalidad de su Ser. ¿Tienen argumentos sólidos para convencerse de que es así? Creo que no, pero no hace falta que los tengan.

La facultad del lenguaje es útil para representar todo cuanto existe (el mundo) y para especular sobre lo que puede ser más allá de sus evidentes variaciones (en el caso del OH, su paso del Ser – material – al No-Ser – material –). El OH puede percibir un objeto y decirse “ese objeto existe”; ese objeto percibido puede desaparecer, de modo que el OH tendrá que reportarse la desaparición diciéndose “ese objeto ya no existe”. Aún podrá pensar en el objeto, pero, ¿se puede decir que ese objeto aún existe materialmente? Desde luego que no. Pensar en un objeto no hace que el objeto exista materialmente (Podemos preguntarnos: ¿Qué es una existencia no-material o qué es una existencia conceptual? ¿Cómo es una existencia conceptual?).

5

El Neosolipsismo ofrece una “clasificación” del Organismo Humano con el propósito de identificar la manera en que cada uno de estos representa su existencia en un mundo que parece haber existido, que existe y que existirá indefinidamente y que percibe (experimenta y significa) desde una instancia (“su” cuerpo) que no existió (hasta que comenzó a existir), que existe y que dejará de existir.

El Organismo Humano puede ser:

(1) Un Organismo o

(2) Un Individuo.

El principio de todo cuanto existe es la Voluntad, un impulso irracional que mueve todo. El OH, en tanto ser existente, también es movido por esa Voluntad (que también puede llamarse “Voluntad de Vivir”) y debido a esa “fuerza”, pugna por existir y seguir existiendo y tiene en sí el potencial de crear otro OH. Es así como la Voluntad se prolonga y continúa existiendo. ¿Por qué y para qué? Son preguntas que solo pueden ser respondidas dentro de los límites de la existencia de quien existe. Es decir, ante la pregunta de para qué existe, un OH puede decir: “Existo para seguir existiendo” y respecto al porqué puede decir: “Existo porque me hicieron existir y porque soy un cuerpo que necesita seguir haciéndolo”. Como indiqué, estas son las respuestas base a partir de las cuales pueden derivar otras tantas (como, por ejemplo, “existo para hacer que la vida siga existiendo”, “existo porque debo hacer que el mundo siga existiendo” o “existo porque creo que es posible hacer de este un mundo mejor”, etc.)  

Esta Voluntad que se “objetiva”, que se concreta en una vasta diversidad de objetos, ha llegado a hacerlo de una manera particular en el organismo vivo y aún más peculiar en la especie humana. El OH, que ha sido aleccionado en el uso del lenguaje (con el que puede significar su experiencia de estar en el mundo) ha heredado con él una manera específica de significarlo. Como señalé anteriormente, el lenguaje de la multitud de OH, de la Sociedad, que logró prolongarse hasta la actualidad (a través del sucesivo relevo de generaciones de OH) extrae su “procedimiento” de su Voluntad de Vivir que es la Voluntad en sí misma, aquél impulso irracional.

Todo pugna por existir. En el caso de los organismos vivos, ese empeño implica la preservación de la propia existencia y la propiciación de la existencia de otro (un sucesor). En el Organismo Humano, en tanto organismo vivo, también le corresponden tales implicancias. Es por ello que las sucesivas generaciones han pugnado por su existencia y propiciado la de sus sucesores. Las razones con las que dieron forma conceptual y significaron este proceder derivaron de la concepción del mundo como una existencia que les concierne a pesar de que su propia existencia no se corresponde con la naturaleza infinita del mundo, puesto que todo OH es finito y mortal. ¿En qué medida la existencia del mundo atañe a la del OH? El mundo existió antes de que el OH apareciera en él y, con toda seguridad, seguirá existiendo después de que el OH se extinga. En todo caso, la implicancia del OH con el mundo ocurre mientras el OH existe. Una vez extinto el OH, el mundo retorna a su existencia cerrada e irrelevante (a una existencia que puede equipararse a una inexistencia). Desde luego, puede seguir siendo percibido y significado por otros OH, pero ya no por el OH extinto. Cada OH que existe (y percibe y significa) hace existir un mundo que desaparecerá con su inevitable extinción.     

Un Organismo es un Organismo Humano que identifica su existencia con la del mundo y admite el propósito de la Voluntad como suyo. Sobre esta admisión erige cualquier ficción con la que da una forma y un sentido a su mundo (su Mundo Significado). El Organismo se sabe parte del mundo como una célula lo es de un cuerpo. Aun cuando es consciente de su finitud material, puede rebasar ese límite con un constructo conceptual que le ofrece la posibilidad de seguir compartiendo la perennidad del mundo. El Organismo dice: “Soy parte del mundo. Soy el mundo”. Desde luego, esta es una descripción general sobre cómo el OH asume su existencia. ¿Asume estas ficciones sobre su posible perpetuidad sin mayor sobresalto, a pesar de percibir la corrupción de la materia del mundo y de sí mismo? ¿Puede obviar con relatos la muerte de los vivos? ¿Cómo lo hace? ¿Hasta qué límite lleva los argumentos que ostenta?

El lenguaje de la Sociedad es un sistema limitado de ideas cuyo límite es, precisamente, la adscripción al propósito del mundo. De este modo, el Organismo está sometido a la Voluntad y su objetivo de darse ilimitadamente, aun cuando el darse del Organismo es limitado. Esta incoherencia es resuelta con la subyugación del Organismo al Mundo.  

Por otro lado, un Individuo es un Organismo Humano que rechaza el propósito del Mundo (de darse indefinidamente). ¿Por qué lo hace? Porque reconoce su existencia como definidora y dadora de forma del mundo y su inexistencia como la aniquiladora de este. No es que sea voluntad suya que las cosas sean de este modo, sino que están dadas de esa manera. El Individuo comprende que significa al mundo tal como lo hace debido a que posee un lenguaje (de cierto tipo), que si no usara éste no tendría forma de significar al mundo y, por tanto, el mundo sería una cosa distinta, poseería una existencia diferente.

El Individuo ha descubierto que, aunque posee (o es poseído) por una Voluntad, al igual que el mundo, su existencia es distinta (debido al lenguaje) porque no solo es esa voluntad que pugna por darse indefinidamente sino una voluntad que se pregunta por qué tiene que pugnar por seguir dándose o por qué tiene que sentirse implicado (comprometido) con un mundo que dejará de existir cuando su propia existencia (la del OH) se agote. Es decir, el Individuo comprende que el darse del mundo ni es un proyecto suyo ni es un propósito que pueda importarle al mundo mismo, puesto que este no tiene consciencia. Si el mundo se da, lo hace de forma irracional y carece de valor o importancia hacia dónde continúe yendo, puesto que es una existencia que no existirá para aquél que haya dejado de existir.

Si el Individuo no poseyera un lenguaje, ese espacio nuevo (el de los significados) no existiría y, por tanto, tampoco el Individuo propiamente dicho, pues, sería un OH que existiría en un plano diferente, en donde es mucho más plausible adscribirse al propósito del mundo.

Pero el Individuo posee un lenguaje y se trata de uno distinto al de la Sociedad, porque rompe con éste en su fin de servir como validador de la adscripción al propósito del Mundo. El lenguaje de la Sociedad es el primero que se ofrece al OH y, por tanto, podría decirse que éste está destinado a obedecer a la Voluntad del Mundo, es decir, ser un Organismo (una célula del cuerpo que es el Mundo). La existencia del Individuo es producto de la ruptura del OH con el Mundo. ¿Por qué ocurre esto? Porque el lenguaje de la Sociedad tiene fisuras por donde el OH puede liberarse, por decirlo de alguna manera. Lo usual es que los OH obedezcan irreflexivamente al propósito del mundo (y realicen y agoten sus existencias en esa obediencia) y lo insólito es que el OH reflexione seriamente sobre su condición y, en seguida, desobedezca el propósito del mundo, ocupándose de obedecer el suyo que, aunque limitado y finito, es el que realmente le corresponde.   

Así, en lugar de ser parte del Mundo, el Individuo es lo que hace que el mundo exista (y lo que hará que deje de existir).

Es harto probable que estas ideas sean recibidas con extrañeza y sospecha. Será así porque el lugar desde donde se perciben aún es el lenguaje de la Sociedad, un lugar que este discurso (este lenguaje) ha abandonado. Por decirlo de alguna forma, cuanto más extrañas parezcan estas ideas más arraigado se estará en el lenguaje de la Sociedad.

El Neosolipsismo es un proyecto cuya pretensión es que el OH se convierta en un Individuo, que tome consciencia de que su existencia es algo que define radicalmente al Mundo, que la existencia de éste solo puede darse a través de él (del Individuo) y que la existencia del Mundo, independiente de la del Individuo, es un fenómeno que no implica a éste, que no puede concernirle, por más que infinidad de relatos pretendan comprometerlo y exijan obediencia, ya sea porque la Sociedad "diga" que es bueno, correcto, bello, verdadero o lo que sea.

¿Quién dice que hay que obedecer al propósito del mundo? ¿Quién sino un Organismo que se iguala ilegítimamente con la naturaleza infinita del mundo? El Mundo es/puede-ser eterno, pero, ¿de qué forma será eterno él?



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