Curiosidad acelerada


Existir es hacer cosas, pensar sobre las actividades que realizamos y sobre su “significado”. Existir es prever el futuro y recordar el pasado, articulándolos en este presente continuo. Existir es reconocer la finitud inherente que, de algún modo, condiciona la manera en que hacemos las cosas y la forma en que sentimos. Existir es detenernos en el límite de lo que somos y podemos ser y ver hacia donde no seremos ni podremos ser.

A simple vista la vida humana (la existencia en sociedad) no es tan compleja: El hombre que nace, luego crece, madura, se reproduce y, eventualmente, muere. Crece, es instruido en la realización de las convenciones sociales (estudio, trabajo, familia), las realiza a medida que se desarrolla evolutivamente y luego muere. Una generación completa es capaz de existir basándose en esa sencilla prescripción, dando pase, mejor dicho causando, a la siguiente, que no hará algo diferente. Así ad infinitum.

El NS (Neosolipsismo) es un proyecto intelectual que propone un estilo de vida basado en la puesta en duda de aquella simple indicación que la sociedad sugiere desde la más temprana edad. El sujeto neosolipsista  (NS) es aquél que, por alguna razón, puede decir: ¿Por qué? ¿Por qué hacer tal o cual cosa? ¿Por qué hacer del mundo un ad infinitum, por qué emplear mi existencia en su realización?

Evidentemente, estas preguntas que el NS se hace no son “normales” ni convencionales. Son cuestiones que señalan que, de pronto, el sujeto se ha detenido en su tránsito existencial, regulado y normado por la sociedad, y se ha visto acosado por la urgencia (¿desesperación?) de hallar un sentido distinto a todo ello.

Esto que el NS experimenta ¿es un defecto o es signo de algún tipo de “nueva” capacidad, emergente en él?    

En un primer momento, tales cuestiones pueden dificultar la adaptación del sujeto a su entorno e incluso afectarlo emocionalmente al experimentar el sinsentido tras el aparente sentido que la sociedad pretende darle al hecho de reproducir el mundo ad infinitum. El sujeto puede ver su existencia minimizada, reducida a una nada, frente a la comprobación de que innumerables sujetos, igual que él, han transitado por este lugar, experimentado diversidad de situaciones y justificado toda su experiencia con un conjunto de ideas tal vez diferente al de su generación predecesora e incluso al de sus propios contemporáneos pero siendo en esencia lo mismo: Una defensa del mundo a costa del sujeto (Ver “El Neosolipsista”).

Después, el sujeto puede habituarse al sinsentido e intentar construir una justificación para su existencia a partir de él. El NS es la representación del intento del sujeto de sobreponerse al sinsentido intrínseco del mundo sin apelar a cualquier idea incoherente con su naturaleza (la del sujeto).

Obviamente, este no es un proyecto original. Existe una gran cantidad de bibliografía que explora la cuestión del “sentido de la vida”. Hay posturas que defienden la continuidad del mundo como el sentido verdadero y único y las hay que plantean que el mundo carece de sentido o propósito y que se trata de una ocurrencia accidental e incluso inconveniente. El NS se decanta por la segunda corriente, que, al negar un propósito último, puede considerarse un tipo de Nihilismo, pero lo hace con el propósito de edificar un Individuo que exista acorde a su naturaleza finita, sin aspirar a una “eternidad” o continuidad que le es imposible alcanzar.  Esta idea la planteo de manera detallada en mi ensayo/manifiesto “El neosolipsista”, disponible en este blog.

El sujeto que se halla inmerso en la duda puede sentirse confundido, pero llegado cierto momento puede hacer de esa sensación una actitud con la que encarar los desafíos que plantea la existencia. El sujeto verá que dudar es pensar y que pensar es hilar ideas en función al mundo que percibe para comprender su funcionamiento más allá de las ideas instauradas previamente por la sociedad. Una vez que el sujeto duda, piensa de cierta manera, tiene que seguir pensando, elaborando ideas, pero recurriendo también a las disponibles en el mundo (libros, revistas, internet, etc.). El sujeto se embarcará entonces en una aventura silenciosa y solitaria que puede enriquecer su experiencia de estar vivo.

La cuestión es que hay infinidad de información disponible que demanda tiempo y esfuerzo. Creo que si el individuo se concentra en la lectura y reflexión de todo aquello que lee estará avanzando, pero estoy convencido que también es necesario dar rienda suelta a su imaginación y la curiosidad y usar todos los recursos que encuentra para construir su “propio modo de pensar”. Es, en cierto modo, como construir un nuevo objeto con piezas que le son obsequiadas por otros individuos. Visto de este modo, se trata de una aventura interesante. Pero es importante no quedarse con una sola forma, con un solo objeto elaborado, sino pugnar siempre por una “nueva forma”.

Es este proceso que quiero plantear para este proyecto (el NS). Personalmente, me veo abrumado (y contento) por toda la información que tengo (descargo muchos artículos, libros, tesis, etc.) y por el poco tiempo que dispongo para analizarlos minuciosamente. Lo que hago es leerlos rápido o captar algún párrafo atractivo y dejar lo demás y ver de qué modo aquella idea, como una delicada pieza, puede encajar en mi propio proyecto. Se verá que el NS no es una cosa estrictamente académica, ni experta ni especializada sino una construcción más bien intuitiva. Me he percatado que mi modo de pensar es, por decirlo de algún modo, gráfico: Imagino un conjunto dentro de otro conjunto, elementos relacionados por conductos por los que algo se mueve de cierta forma. Cuando pienso, construyo máquinas, pequeños aparatos que se mueven o en cuyo interior se develan pequeños mecanismos. Imaginen la forma en cómo se representa el sistema solar y habré conseguido transmitirles las idea. Entonces, pienso que se trata de hacer eso, de pensar con una curiosidad acelerada, desechando viejas ideas, caducas y disfuncionales en esta época extraña, sin temor a equivocarse (cuando es harto probable que suceda) porque la Verdad es elusiva o inalcanzable o inexistente pero hay que pensar, decir algo sobre todo esto. Es imposible que las palabras dejen de resonar en nosotros, por lo menos juguemos a gobernar la manera en que ocurren.







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