EL MUNDO AD INFINITUM

 



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“Antes del Lenguaje y Después del Lenguaje son épocas radicalmente distintas y ambas producen un mundo diferente”

Superironía, 2024

 

    (Se recomienda estar familiarizado con los ensayos “El neosolipsista” y      “Superironía”, ambos disponibles en este blog).

 

Llamemos mundo a todo cuanto existe. No solo a este planeta (y a sus habitantes) sino al universo entero, a todo lo que existe en un sentido material.

Si bien se han desarrollado aproximaciones teóricas acerca del origen y el fin del universo, nosotros, seres finitos, estamos imposibilitados de conocerlo empíricamente. Ninguna construcción teórica nos hará vivir el fin (definitivo) del mundo. En ese sentido, solamente cabe admitir este periodo en el que nos hallamos y tal vez despreocuparnos de aquellos extremos.

Así mismo, este mundo percibido es un mundo significado. Quiero decir que el hombre, el individuo, llegado a cierta edad y provisto de los recursos culturales suficientes, hace del mundo que percibe un mundo que es el relato sobre tal percepción. El hombre ve al mundo y lo experimenta (siente) y significa de un modo siempre particular y que solo lo implica a él. En ese marco, puedo decir que existen tantos mundos como individuos lo perciben y significan.

Si un individuo no existe, entonces no existe el mundo (que podría percibir y significar, en caso existiera). Si un individuo existe durante un periodo de tiempo, el mundo (que percibe) existe el mismo periodo que el individuo. Con fines prácticos convendría hacer esta distinción: el Mundo como Objeto (o el Mundo-Objeto [MO]) y el Mundo como Significado (o el Mundo-Significado [MS]) (Esta idea ya fue planteada en mi ensayo “Superironía”).

El Mundo-Objeto es esa “cosa” (ese objeto) que existe independientemente de un organismo que lo perciba. ¿Qué se puede decir de ese mundo? Nada, puesto que no hay nadie que lo perciba y que pueda decir, justamente, que tal mundo es de cierta manera. Creo que el MO es la cosa en sí de Kant. Ningún organismo puede “ver” al MO realmente sino percibirlo según la disposición y funcionamiento de sus sentidos. El mundo será siempre el mundo que el sujeto percibe (y siente), no el mundo en sí mismo. ¿Esto supone un problema? Pienso que no. No hay ninguna necesidad de conocer el mundo en sí mismo, además de que es imposible. En todo caso, necesitar conocerlo sería una necesidad inútil y perjudicial.

Por otro lado, el Mundo-Significado es esa “cosa” significada por el hombre. Es ese mundo que, además de ser percibido (sentido) es objeto de un proceso particular en el que adquiere un sentido más allá del meramente sensorial. Incluso si el hombre sintiera algo al percibir al mundo, pero no podría decir nada (es decir, significarlo) respecto a él, el mundo existiría de un modo particular, inefable, indecible, producido justamente por ese organismo dotado de un sistema peculiar (y limitado) de percepción. ¿Qué puedo decir sobre un mundo que percibo pero que soy incapaz de significar? Nada, simplemente no puedo decir (aunque sienta “algo”).

Esto me lleva a plantear lo siguiente: Antes de mi existencia, ¿el mundo existía? Sí, pero el MO, una cosa sin ningún significado. Y, durante mi existencia desprovisto de lenguaje, ¿el mundo existía? Desde luego y aunque podía percibirlo, aunque lo sentía de cierto modo, este era un objeto innominado, una cosa tan abstracta y “lejos de mí” que se mantenía en un estado de imprecisión, en una existencia extraña, borrosa. Es difícil expresar con palabras la forma en que creo que sería el mundo solamente percibido, pero no significado. Entonces, ¿cuándo empezó a existir el mundo (el mundo para mí o “mi” mundo)? Cuando adquirí el lenguaje, cuando, con él, pude decir: Esto es el mundo. Este soy yo en el mundo. Así funciona el mundo.

La posibilidad de existir más la posibilidad de percibir al mundo más la posibilidad de significarlo es lo que hace que el mundo exista. Mi existencia determina la existencia del mundo y, por tanto, mi desaparición supone la suya. Que el MO haya existido antes y que exista después de mi existencia no tiene relevancia, puesto que se trata de algo inaccesible para mí. Esto aplica para todo individuo vivo.  

Imaginemos lo siguiente: Una persona se encuentra en una habitación a oscuras. La persona no puede ver absolutamente nada de lo que le rodea, pero dispone de una linterna que puede utilizar para iluminar la parte que desee ver. La persona enciende la linterna, dirigiéndola a algo que distingue como una pintura colgada en la pared. Podríamos decir que, para la persona que observa, el circulo de luz que la linterna proyecta es todo lo que existe. Lo demás, la oscuridad, es la nada. Esta metáfora intenta ilustrar lo que formulo: Que el mundo que nadie percibe es uno que no existe (o cuya existencia es irrelevante).

El problema aquí es que el mundo que conocemos (que yo conozco) tiene el aspecto (dotado por la sociedad) de algo sempiterno. Nos exigen considerar al mundo desde su principio hasta su culminación, como si estuviéramos inherentemente vinculados con él, comprometidos con su continuidad. Al conocer la historia del mundo, sus múltiples agitaciones, revoluciones y actualizaciones, nos impelen a reconocernos en cada movimiento, a identificar la agitación del mundo con la de nuestra existencia. Recordemos que ese mundo no existe más que como un relato, un significado deliberadamente construido y que adoptamos en el proceso de adquirir el lenguaje. Es decir, en un primer momento, nos inducen a significar al mundo de tal modo que este exista más allá de nuestra vigencia existencial y exigiéndonos garantizar su continuidad. Se trata pues de un mundo que significa que existe y que nos sobrepasará necesariamente. Pero tal mundo no existe independientemente del significado que se le asigna porque es justamente el significado asignado al MO. El mundo que se prolonga, que se “hace” continuar es, en primer lugar, el MO (ese que no existe si el organismo no percibe ni significa) al que luego el individuo, dotado de un lenguaje “ideologizado”, significa de cierto modo.

La continuidad del mundo ad infinitum es la continuidad del MO, de una cosa cuya existencia es irrelevante para el sujeto que ya no existe.

El compromiso de prolongar el mundo parece verosímil si consideramos a todos los individuos que existen y con quienes compartimos algún aspecto de nuestra existencia, constituyendo una comunidad. Un anciano puede relatarme cómo fue su infancia, lo que entonces aconteció, las costumbres y creencias de su época y yo puedo creer realmente que fue así, pero el mundo que estaría significando y, por tanto, haciendo existir, sería eso: Un MS a partir de la evocación del mundo (su MS) de la persona que me relata tal historia; el MO en el que se basó (el que percibió y significó) ya no existe.

Son muchas las personas que confluyen a nuestro alrededor, distintas sus edades y formaciones y, por tanto, diferentes los grados (de complejidad, abundancia de ideas) en los que sus MS existen. Nuestro propio significado del mundo (nuestro MS) se impregna de los relatos que oímos (y que la sociedad propaga y valida). No es el mundo en sí mismo sino una interpretación de él lo que mutuamente podemos ofrecernos. Mientras que, en este intercambio, algunos individuos comienzan a existir y otros dejan de hacerlo, nosotros seguimos “vigentes”, percibiendo al mundo y significándolo en secciones temporales (pasado, presente, futuro) admitiendo que existen realmente así.

La Historia representa lo que es un Mundo Significado: Un conjunto de ideas sobre lo que es el mundo (lo que le ocurrió y lo que le ocurre) que se intenta hacer válida u oficial con el propósito de igualar los mundos de todos los individuos, de modo que se comporten según ciertas normativas (que la Historia ha ido constituyendo a lo largo del tiempo). La Historia que la Sociedad promueve es el MS que pretende extraer (del MO) para cada individuo que existe. Pero recordemos que el mundo en sí mismo (el MO) no tiene un significado (y que, cuando no hay un organismo que lo perciba, no existe).

Si un individuo nace el año 1995 y fallece el 2050, entonces el mundo (que él percibe) habrá durado lo mismo. Después, el mundo retornará a la Nada. Esto puede sonar inverosímil y es comprensible ya que vemos el mundo desde nuestra perspectiva (y estamos vivos) y “oímos” historias que nos sugieren que el mundo existió hace muchísimo tiempo. El Significado puede ser tan fuerte y persuasivo que hace existir (como idea) ese mundo que en realidad ya no existe (que nunca existió, en realidad). Estamos rodeados de relatos que impulsan y justifican el mundo en el que nos movemos y que se supone debemos dar continuidad.

La pregunta es: ¿Por qué dar continuidad a un mundo que eventualmente dejaremos de percibir (y, por tanto, dejará de existir)? (esta pregunta ya fue planteada en “Superironía”) ¿Para qué?

Yo existo, percibo y significo al mundo. Cuando yo no exista no podré percibirlo ni significarlo. El mundo existirá, pero será una cosa abstracta que nada tendrá que ver conmigo. Pero habrá personas existiendo después de mí, percibiendo y significando el MO, “extrayendo” de él su propio MS. Pero aún así ya no me incumbe, no puede hacerlo. También esos seres humanos serán una cosa abstracta, allá en el futuro, serán parte de ese MO que solo ellos tendrán que significar. Yo estaré, por decirlo de alguna manera, fuera de juego.

Lo que sugiero es que continuar el mundo ad infinitum no tiene sentido alguno, que prolongarlo no es más que extender una cosa sin significado en sí mismo, una oscuridad, una penumbra, que solo cobrará sentido cuando alguien encienda la linterna durante un tiempo siempre limitado. Ningún “Significado” puede sostener al mundo justamente como un mundo distinto a un objeto y mantenerlo perpetuamente en ese estado (lo que sucede en realidad es el relevo continuo de un significado cambiante de una generación tras otra). En todo caso, de algún modo, “Significar” es un ejercicio a merced de la continuidad (sin sentido) del Mundo Objeto. Es extraño, pero el Lenguaje no importa más que para construir una “ficción” para justificar la continuidad del mundo.  

Existimos y nuestra existencia es irracional. No necesitamos razones para justificar por qué estamos aquí. Simplemente llegamos y sencillamente nos iremos. No hay razones. Somos poseídos por una Voluntad de Vivir (VV) que nos “empuja” a seguir existiendo (buscando placer y evitando el dolor). Podemos elaborar los más rimbombantes y sofisticados aparatos conceptuales para justificar nuestra existencia, pero, al fin y al cabo, solo se trata de existir. Me parece que nadie quiere extinguirse sin más, eso es Voluntad de Vivir: Desear permanecer. La Sociedad (tema para otro artículo) es la Institución en la que el “Hombre” ha verbalizado y normado su VV. Puesto que la existencia y permanencia de la Vida (del Mundo) no es un asunto del Individuo sino del organismo vivo, su continuidad (la del MO) es un fenómeno superior a cualquier voluntad, interés o propósito individual. La VF (Vida como fenómeno) (Ver “El neosolipsista”) instaura su Dogma, su mandato visceral a cada organismo vivo: Prolonga la VF, dale continuidad al MO. De modo que no importa si el individuo va a percibir el mundo que lo rebasará, tiene que propiciar su existencia. Es un mandato para cada criatura. Es un sinsentido que se erige en tiranía. Este hecho está “legalizado” en las directrices que la Sociedad da (impone) al ciudadano y que este tiene que seguir (de algún modo) para seguir existiendo (y tiene que seguir existiendo porque su VV le “exige” hacerlo). Visto desde cierta perspectiva, el asunto viene a ser una broma bastante macabra.

Considero pues, que el Mundo ad infinitum no implica, no compromete, al individuo que está dispuesto a “resistir” tenazmente a aquel mandato (tan sin sentido como puede ser cualquier decisión arbitraria que el sujeto pueda tomar). Negarse a dar continuidad al MO tiene el mismo sentido que propiciar su continuidad (es decir, ninguno).

La cuestión es que sabemos que el mundo concierne, por diversas circunstancias, cierto grado de insatisfacción e infelicidad, de dolor e incertidumbre. La pregunta que planteo es: ¿Qué sentido tiene dar continuidad a un mundo que “yo” no voy a percibir (y que, al no ser percibido, no existirá)? ¿Qué sentido tiene un mundo no percibido, que no significa nada? ¿Qué sentido tiene prolongar un mundo en donde los futuros individuos muy probablemente sufrirán?

Ese mundo “abstracto”, innominado, inefable, en el que existirán los futuros individuos no es en absoluto una herencia, un legado ni un proyecto en construcción sino siempre un trabajo que hay que realizar coaccionado por las limitaciones y la exigencia de existir, significando lo percibido con dogmas ya establecidos y cuya superación se hace difícil por las estructuras que penetran, junto con la capacidad de usar el lenguaje, en lo más “profundo” del individuo, haciendo de él solo un instrumento para que ese objeto llamado mundo exista ad infinitum.

Sigue: "EL SIGNIFICADO AD INFINITUM"

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