¿SOMOS LOS MALOS?
Viene de "Y BIEN, ¡LA NADA!"
El Individuo ajusta el lenguaje que usa a su condición
(material, finita y mortal) de modo que el mundo es para él uno particular: Un
mundo que comienza y termina con el inicio y el fin de su existencia. Antes y
después del Individuo no hay nada. Esto puede parecer un sinsentido, pero lo
será porque aún se está usando el lenguaje de la Sociedad, un tipo de lenguaje
que prioriza la existencia del mundo (del Mundo Objeto) por sobre la del Organismo
Humano (OH).
Obviamente, el mundo (el Mundo Objeto – ver “El mundo ad
infinitum" –) existe independientemente de la existencia de un OH que lo perciba,
pero ¿qué clase de mundo es? ¿Realmente se puede decir algo sobre él? ¿Realmente
puede importarnos? El lenguaje de la Sociedad moldea la Sensibilidad del
Organismo de tal modo que a éste le importa el mundo (y su continuidad), aunque
no se pregunta qué significa que le importe. En realidad, el lenguaje de la
Sociedad es una convención que ningún Organismo cuestiona, puesto que él mismo
es la convención; su subjetividad, su Sensibilidad, está construida a base de
tópicos que existen para que el Mundo Objeto exista. Así, la existencia del
Organismo es vista como un componente de la del mundo.
Por otro lado, el Individuo establece los límites del
mundo en función a los propios. ¿Se equivoca al hacerlo? Para el Organismo
Humano, todo cuanto existe tiene que ser significado (con el lenguaje) para que
exista “realmente”. Si no, será solo una cosa percibida que, obviamente, no
significará nada (¿Cómo podría hacerlo, sin el lenguaje?). ¿Pero, qué refieren
esos significados? ¿Qué “dicen”? Obviamente, dicen cosas sobre el mundo. ¿Pero
qué pueden decir, con fundamento, sobre aquello que existe? Solamente que
existe. ¿Qué significa que algo exista? Solo eso: que existe.
El mundo antes y después del Individuo es irrelevante porque
no será significado por éste (que no existe en el pasado ni en el futuro). El
mundo será significado por otro OH (existente en ese futuro), pero eso le concernirá
solo a él. Como estará en ese futuro, para el Individuo que ya no existe,
tampoco existirá tal OH percibiendo y significando ese mundo. Lo que quiero
expresar es que el Organismo Humano, cuando es fiel a su condición material y
finita, no puede concebir un mundo más allá de sí mismo sin caer en
especulaciones, es decir, suposiciones de lo que será aquello que no podrá
experimentar.
El Individuo es un Organismo Humano que se ha deshecho
del lenguaje de la Sociedad por considerarla, con razón, incoherente con su
condición. De esta manera, tiene ante sí un mundo que solo es un objeto que
existe y que, en realidad, no significa nada. Pero, puesto que para el OH nada
existe realmente hasta que sea significado, ¿Cómo puede algo que no significa
nada significar algo?
Un significado es una instancia propia de la experiencia
del Organismo Humano dotado de lenguaje: Lo que hace el OH es significar
aquello que no significa nada (que, en un nivel “básico” vendría a ser hacer
existir lo que, con la inexistencia – de quien al existir percibe – no existe).
Es con el lenguaje de la Sociedad que el Organismo significa al mundo que no
significa nada y, puesto que el lenguaje de la Sociedad es el de la Voluntad,
el significado que el mundo adquiere es el de algo que existió, existe y
existirá. Aún podemos preguntar qué significa eso y volver a respondernos:
Nada.
Como el Individuo no usa el lenguaje de la Sociedad para
significar el mundo y solo dispone de un lenguaje que “deriva” de su condición
(finita y mortal) tiene, en un primer momento, un solo enunciado para
significar al mundo: “El mundo existe”. ¿Pero, qué significa que exista? Nada.
Pero el Individuo puede hacer con esa “Nada” lo que le plazca. Puede
significarla de cualquier manera, siempre que no traicione a su condición. El Individuo
sabe que no tiene un compromiso con el “mundo futuro” pues este se desvanecerá
en cuanto el Individuo se extinga. No hay manera de que le importe porque lo
que le “sobrevivirá” será una cosa amorfa, oscura y radicalmente ajena. De
hecho, que a un OH le “importe” el futuro es una manera de hacer trampa.
La Sociedad promueve en los Organismos el compromiso con
el futuro. Bajo esa perspectiva, luchar por él es necesario, bueno y correcto.
¿Por qué es así? Porque la Sociedad es el dogma de la Voluntad, ese impulso irracional
que pugna por seguir dándose. Desde este punto de vista, el Individuo es malo,
porque se rebela contra ese “mandato”. El Individuo no se compromete por luchar
por un futuro porque no hay un futuro por el que luchar. Lo que llaman futuro
es algo oscuro y ajeno, imperceptible y, por tanto, innominable. La trampa es
la siguiente:
Los Organismos justifican su existencia con la de Organismos
Humanos que – aún – no existen y que no tienen la necesidad de existir. Serán
los Organismos quiénes los “traerán” al mundo solo para que éstos hagan lo mismo (que es,
básicamente, la Voluntad prolongándose). Los Organismos, situándose del lado de
la Sociedad, no hacen más que obedecer el mandato de la Voluntad ¿Pero es este
intrínsecamente bueno? De hecho, no tiene importancia/valor “moral” que el
mundo se prolongue. Lo hará de todos modos. La cuestión es ¿quiénes formarán
parte de ese mundo? Si son Organismos Humanos, sintientes como son, es bastante
probable que se vean inmersos en una experiencia problemática, donde sientan
dolor y placer de forma desigual. En todo caso, es imposible saber la
proporción. Esto a los Organismos no les importa, solo que existan, que gocen y
sufran, allá en el futuro. Por su parte, el Individuo, al ser coherente con su
condición, rechaza la posibilidad de un mundo más allá de sí mismo y, aunque
podría no hacerlo, se abstiene de causar la existencia de un OH ¿Por qué? Por
simple respeto a la no-necesidad de existir del no-existente.
Después de todo, esto solo es una discusión conceptual
más allá de la cual el mundo existe y existirá y los Organismos Humanos existen
y existirán. El asunto es que ocuparse de esta cuestión es lo que diferencia al
Organismo del Individuo. Mientras el primero no piensa en este tema, el
Individuo lo hace y al hacerlo se descubre a sí mismo como un OH capaz de dar
sentido al mundo (y a su Sensibilidad) por
su cuenta, sin apelar a ficciones ni especulaciones cuyo costo no pagará él
sino otro Organismo Humano. Es, pues, una cuestión conceptual que escinde al
mundo entre algo que existe (el Individuo que existe, percibe y significa al mundo
desde sí mismo) y algo que también lo
hace (el Mundo Objeto). El Individuo se extinguirá, el Mundo Objeto se
prolongará, pero la ausencia del Individuo hará que tampoco exista.
Entonces, ¿quién es, en este juego, el malo?
Imagen tomada de: https://www.pinterest.com/pin/173599760632222631/



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